lunes, 8 de junio de 2009

Los ángeles también se enamoran

Akí otra entrega de mis relatos... éste lo he terminado hoy, después de 3 años de estar inacabado... siempre que lo leo me produce la misma pena que cuando lo escribí...
Los dos sentados en unos bancos blancos de una habitación blanca, entre gente vestida de sedas finas del mismo color, como en una lista de espera del médico, expectantes; aguardan su destino, destino que les será impuesto sin que nadie les pregunte. Por el rostro de porcelana de ella ruedan dos lágrimas; él las traga y maldice a su padre, al verdugo que dictará la sentencia de muerte para sus corazones. No quieren ni mirarse, saben que se desmoronarán cuando tengan que decirse el último adiós, así que jugueteando nerviosamente con los dedos miran al suelo, sin querer levantar la mirada si quiera. Se han prometido que se buscarán allá abajo, pero la Tierra es tan grande … Además se supone que no se ha de recordar nada de lo anterior… una vida nueva… una identidad nueva… Nuevos recuerdos suplantarán a los antiguos junto a nuevas dudas, nuevos amores…
¿Por qué la amo tanto? Debería quererla como a una hermana, como lo que somos todos, pero … la veo y siento que nunca he amado tanto a nadie … ni siquiera a Él … ¿Será esto un castigo por quererla más que al Padre? ¿Es esto una prueba que debemos pasar ante Él? Pero ¿no debería Él comprender que la quiero más que a nada, y que deseo pasar el resto de mi eternidad a su lado? Sin ella no sé qué haré, y sé que pase lo que pase la recordaré, aunque esté en cien cuerpos y vidas diferentes …
Le buscaré. No podré aguantar sin él … Allí donde esté prometo que le buscaré, porque el amor puede más que cualquier idioma, más que cualquier raza, y cuando le encuentre, le haré el hombre más feliz del mundo … cuánto le amo … Quisiera quedarme aquí a su lado … ¿Qué nos deparará el futuro a cada uno? No creo que sepa afrontarlo sin él … ¡Dios, Padre, no puedo! Durante los últimos meses he compartido cosas con él que sólo le había contado antes al Padre … No podré aguantar sin él …
Por su lado pasan ángeles, todos alegres por saber a dónde se les enviará. Sus túnicas de plata y oro relucen con la luz de los últimos rayos de sol, con los rojizos reflejos del astro moribundo.
Él la mira de reojo, y tiende su mano, para que ella la coja; ella la acaricia, mientras más y más lágrimas caen de su blanco rostro, mojando las manos unidas de los dos. Él, en un último intento de ser fuerte, le sonríe, pero su tímida sonrisa se ve bañada por lágrimas que no ha podido retener. Ambos se abrazan, sintiendo el calor del otro, como tantas otras veces …

Al caer el sol, se les convoca, a ambos por separado; son los últimos que quedan. Ninguno puede desvelar su destino al otro; sin embargo al salir de la sala, con tan sólo mirarse, ambos saben que estarán separados por muchos kilómetros, que no tendrán posibilidad de estar juntos allá abajo. Después de largo rato mirándose, se abrazan amargamente; durante horas quizá.
Dentro de dos días nos mandarán a cada uno a nuestro sitio. Mi amor, no he podido convencer al Padre de que quiero quedarme aquí; Él, que lo sabe todo, sabe lo que te amo, pero no ha cedido ante mis súplicas. Sólo nos queda una opción, si quieres estar conmigo, pero, no quiero obligarte a nada; yo estoy dispuesto a hacerlo.
Dime qué es, mi amor, y lo haré sin pensarlo si quiera.
Negarnos y marcharnos.
Un silencio sepulcral, seguido de un viento helado recorre la habitación en la que están ya solos y a la tenue luz de la luna que empieza a asomar.

A la noche siguiente, sin que nadie lo supiera, salieron. Fueron al lugar que el Padre utilizaba para enviar a todos a la Tierra. Era un barranco en el que no se veía el final; no se veían más que nubes esponjosas que tapaban lo que había más abajo, que era la Tierra. Hacía frío, o ellos al menos sentían frío; algo que hacía mucho que no sentían. Y miedo, un miedo les dominaba, paralizándoles. Era extraño, como si sintieran sus cuerpos con más intensidad, como si perdieran poco a poco ese halo dorado de luz dorada que les envuelve a todos y fueran capaces de sentir, oler, ver como sienten los humanos. Soplaba el viento, un viento fuerte que levantaba sus túnicas y jugueteaba con ellas; ese viento hablaba; decía cosas, palabras de riña, enfado, de queja, como si les reprendiera por lo que iban a hacer. Mientras, la Luna llena, les sonreía, orgullosa del amor de ambos.
Después de mirarse y besarse tiernamente, con rostros esperanzados, se cogieron de la mano fuertemente y saltaron juntos, con los brazos extendidos hacia los lados, como si se saltaran de cabeza a una piscina.

Cuando él despertó estaba cubierto de sangre; su cuerpo dolorido yacía bocabajo y se negaba a levantarse; sus ojos se negaban a abrirse, mientras él con todas sus fuerzas lo único que quería era abrir los ojos para ver a su amada, a quien tenía cogida fuertemente de la mano. Con gran esfuerzo logró abrir los ojos, y levantar la mirada; alzó la mano, que tenía cerrada, en torno a la de ella. Al mirarla, sólo vio un manojo de plumas ensangrentadas, que agarraba con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos. El miedo recorrió su cuerpo, y se levantó para buscarla a ella, pero no estaba. Un charco de sangre y plumas le rodeaba en medio de la hierba aplastada teñida de rojo … sólo eso … Sintió un escalofrío y un gran dolor en el pecho … De repente recordó lo que había pasado … como en un sueño lejano recordó la caída desde el barranco … cómo el viento helado formaba un remolino, cómo les separaba a él y a su amada, mientras gritaban, intentando agarrar la mano del otro en un intento desesperado de aferrarse a lo que más querían en el mundo … Entonces fue consciente de lo sólo que estaba …

Dolor… sólo sentía dolor en todo su cuerpo… y los párpados eran como dos piezas de plomo de varias toneladas… sentía un sabor metálico en la boca, y algo cálido resbalaba por su boca y por su pecho… estaba bocabajo en algún lugar mojado y pringoso, y se había golpeado la cabeza, o eso creía recordar… comenzó a oír lo que le rodeaba… un bullicio enorme de coches, sirenas, gente caminando de aquí para allá era lo que podía distinguir… entreabrió los ojos y vio una farola medio rota en sus últimos estertores, en aquel callejón oscuro y pestilente de algún lugar desconocido… Al intentar incorporarse un rayo de dolor la atravesó desde los pies hasta la cabeza, haciéndola caer de nuevo cerrando los ojos, a la vez que a su mente venía una imagen de ella misma saltando desde un lugar muy alto… al lado de alguien… ¿al lado de quién? al lado de él… ¡al lado de él! Abrió los ojos rápido y alzó la cabeza dolorosamente buscándole… a su lado tan sólo había basura, y algún gato callejero detrás de unas ratas…

Y a la vez, en dos lugares muy distantes de la Tierra, al cielo se alzaron dos gritos desgarradores: el de un hombre y el de una mujer.

1 comentario:

Amarilis dijo...

Que bonico Trii!!
Me ha gustado mucho el relato, sip, aunque triste, pero me gustan las historias que acaban mal, una que es así de ceniza, jejeje!!

Muy bonito, sip!!