miércoles, 14 de abril de 2010

Retomando mi blog...

Hola a tod@s aquell@s que me leen:

no sé por qué pero he dejado de escribir aquí, quizá por falta de tiempo, por aburrimiento, por otras aficciones, o un poco de todas. Para las personas que gustan de leer mi blog, pido disculpas por no haber vuelto a escribir desde el año pasado (sí que hace tiempo...... :S ) y decirles que para retomar esto un poquito, voy a poner lo último que escribí.

Esto es de una tarde en La Comarca, la tienda friky de mi amigo, donde los findes jugamos a WoW, Magic y echamos unas risas. Esto lo escribí en un mini cuadernito que llevo encima siempre y donde apunto ideas para partidas de rol, notas importantes y cosas que se me van ocurriendo; pues bien, aquella tarde no tenía muchas ganas de jugar y entre partida y partida, a pesar del jaleo que había, me puse mis cascos, cogí mi boli y me puse a escribir esto(la verdad es que se me da bastante bien abstraerme a pesar de distracciones). No es gran cosa, disculpad las faltas que halla, que serán muchas:

Era una noche estrellada, el frío viento otoñal acariciaba mis rojas mejillas curtidas por el frío de tantas guardias y batallas.
La almena desde la que veía las pocas luces de la ciudad a estas horas, estaba silenciosa, apagado ese silencio tan sólo por el débil crepitar de la pequeña hoguera que había hecho para calentar mis heladas manos, y que ya se extinguía bajo ellas.

Miré mi cinto, para comprobar si me faltaba alguna cosa(viejas manías de guerrero, no soporto estar sin mis utensilios de matar cerca) y me quedé obnubilado viendo el reflejo de las llamas cada vez más pequeñas en la hoja de mi daga, la que me sorprendí llevando en mi mano, en lugar de en su ornamentada vaina... regalo de un amigo muerto... Aquellas llamas lamían el acero como queriendo abrazarlo... ilusas, reí para mí, no saben que si de verdad le abrazan este sería el mortal final para el amante, que terminaría fundido entre sus besos candentes...


Acariciando suavemente, con gesto automático y sin prestar atención si quiera, el filo de mi daga, me acerqué a la muralla después de oir algún sonido, no sabía de qué...
Pude observar una sombra deslizándose por enter algún callejón, así que me dispuse a entrar en acción; notaba el hormigueo de la adrenalina en mis dedos y el palpitar increccendo de mi corazón en el pecho... con una sonrisa macabra de júbilo y el brillo en mis ojos salté los tres metros que me separaban de mi siguiente víctima con agilidad felina...