miércoles, 13 de octubre de 2010

Diario de dragón

Día vigésimo segundo mes noveno, año 327:
“Una brillante mañana de otoño, cuando los rayitos dorados del sol se filtraron en la cueva, aquel huevo con tonos colorados y cobrizos, empezó a resquebrajarse. Contorsionándose, convulsionándose, y moviéndose de todas las maneras posibles, empezó a romperse un trozo de aquel cascarón que su habitante creía de acero macizo irrompible. De no haber estado el huevo colocado entre todas aquellas hojas y ramas, se habría precipitado calamitosamente hacia el suelo, que yacía unos tres metros más abajo, a causa de sus numerosos movimientos para librarse de esa prisión que le constreñía las alas.
Tras una hora agobiante, y cuando el sol se posó acariciando aquel huevo, por fin un hocico húmedo cubierto de un moco viscoso rojizo, salió y respiró por primera vez la cálida brisa de aquella mañana otoñal. Sintió el aire en la cara, la luz en sus nuevos ojos le escoció, y saboreó los miles de olores nuevos que penetraron en sus fosas nasales. Ayudándose de sus pequeñas patitas delanteras, empujó la cáscara que aún rodeaba la mayor parte de su cuerpo y salió, cayéndose de forma torpe en el nido de hojas, con un sonido sordo. Se llevó varias horas contemplando lo que le rodeaba, y mirándose a sí misma. Pensó que era mejor limpiarse todo aquella cosa viscosa que tenía por todas sus escamas anaranjadas, así que comenzó a lamerse las patas delanteras, y siguió por el lomo, las alas, las patas traseras, hasta llegar a la puntiaguda cola. Le llevó cerca de dos horas acicalarse, pero ya por fin estaba lista para levantarse temblorosamente y desplegar sus alas de dragón. Se asomó al borde de su nido, que estaba colocado en lo alto de una columna rota, y un escalofrío recorrió su pequeño cuerpo que apenas levantaba treinta centímetros de donde estaba. Supo que tenía que volar, o al menos bajar de allí, ya que su madre no volvería; las dragonas no vuelven al nido, sino que los dragoncitos, teniendo en su ser la sabiduría de todos sus antepasados, tienen que poder apañárselas solos, o al menos en teoría. Lo malo no es no saber qué hacer, sino que con esas patitas chiquititas y esas alas escuchimizadas, resultaba difícil saber si el vuelo resultaría... Dio un par de pasos tambaleantes hacia el borde, y asió con sus garritas delanteras el filo rocoso, extendió sus alas, y esperó alguna brisa. Cuando esta llegó, trajo consigo polvo que se coló por su húmeda nariz, y le hizo estornudar. Lo siguiente le dejó tan asustada, que casi se cae: ¡al estornudar, había echado fuego por la boca!
Casi se muere del susto, pero una vez repuesta, cogiendo el valor de no se sabe dónde, saltó, con los ojillos rojos entrecerrados, y planeó en círculos en la cueva. Fue bajando en altura, hasta que llegó al suelo. Una vez asentadas las patitas en tierra firme, fue caminando tambaleándose, aún asustada fuera de la cueva, mientras intentaba plegar torpemente las alas sobre su lomo.”

Así comienza mi vida … estas son las primeras palabras que he elegido plasmar en este pergamino en blanco que encontré en el nido en que nací y que deberá acompañarme a lo largo de mi vida, ya que en él escribiré lo que aprenda, lo que estudie … en definitiva será testigo de mi vida, al igual que los pergaminos que posee cada uno de mis hermanos dragones y nos acompañarán hasta el momento de nuestra muerte.
No hace mucho desde que nací, tan sólo algunos meses, en los que he estado acostumbrándome a mi enjuto cuerpo, aprendiendo a cazar, a leer, a escribir … Quizá debiera decir “recordando”, ya que nuestras madres al engendrarnos depositan en nosotros todo su saber, y tan sólo tenemos que despertarlo; por ello no he escrito hasta ahora. De momento y hasta que suceda algo relevante, prefiero no volver a escribir nada, ya que estos meses serán para mí de aprendizaje y entrenamiento. Voy a estudiar con especial énfasis hechicería, quiero ser una buena maga, ya que tengo el don del fuego.

Día trigésimo mes segundo, año 328:
Esta mañana me he levantado inspirada; tras hacer mis estudios diarios, he querido plasmar por escrito lo que ha venido a mi mente tras contemplar largo y tendido un amanecer especialmente hermoso:
Hilo invisible te guía
Te hace amanecer
Nos das luz, calor y vida
Y después del duro esfuerzo del día
Te vas para más tarde volver.

Vuelves y vuelves todos los días
Para lo mismo hacer
Y con algo de melancolía
Cuando de nosotros te olvidas,
Deseamos que vuelvas a nacer.

Día vigésimo mes treceavo, año 328:
He decidido buscar evidencias de algún antepasado mío que aún esté vivo, en este o en otros planos. Me siento demasiado sola muchas veces y aunque sea propio de nuestra naturaleza dracónica el estar solos, no me siento cómoda … Necesito algo de compañía.
Día cuarto mes primero, año 329:
Desde que empecé mis elucubraciones acerca del paradero de algún familiar de mi raza, aunque fuera lejano, me he encontrado con numerosos pergaminos en la cueva donde habito, y he obtenido numerosos conocimientos. Espero poder emplearlos algún día. Creo que ya estoy más cerca. A partir de hoy anotaré todos mis avances.

Día quinto:
Hoy ha sido un día fructífero. En unos pergaminos escritos en lenguas extrañas, he conseguido traducir someramente que realmente existen otros mundos y que las conexiones con ellos son posibles. Aún debo averiguar cómo...

Día sexto:
Ha sido desastroso; unos bandidos han entrado en mi cueva y han intentado robarme; han destrozado parte de mis libros, y tras ver el destrozo que habían hecho en mi biblioteca, la ira me ha cegado y les he matado a todos. No logro quitarme de la cabeza sus ojos cubiertos de lágrimas suplicando clemencia, mientras lenguas de fuego quemaban su piel... creo que sus almas me perseguirán atormentándome para siempre...

Día séptimo:
Recomponiendo mi sala de estudio del accidente de ayer, he encontrado unos manuscritos interesantes. Debo estudiarlos a fondo.

Día decimonoveno:
Por fin mis estudios han tenido algún avance desde la última vez que escribí. Resultó ser que el manuscrito que encontré tenía pistas para abrir portales a otros mundos; habla de cuatro magos, uno de cada elemento... eso será difícil, pero mañana mismo me pondré en marcha para buscarlos.

Día vigésimo sexto:
He ido a un par de ciudades importantes del país, haciéndome pasar por
humana, gracias al hechizo de transformación, y ya he encontrado a un hechicero de agua que dice que podrá ayudarme; así que ya tengo los poderes de agua y fuego, sólo faltan tierra y viento. Espero no tardar mucho en hallarlos …

Día vigésimo tercero mes segundo:
Después de mucho buscar, he conseguido reunir a los 2 magos que me faltaban; nos reuniremos en el solsticio de primavera, dentro de unos días, para realizar la apertura del portal.

Día vigésimo séptimo:
Mientras abríamos el portal hubo algunos problemas, pero finalmente conseguimos abrirlo sin ningún percance grave. Este mundo en el que he entrado me resulta muy extraño... Una oscuridad cada vez más grande se va apoderando de todo ser vivo... es como un légamo pegajoso en el aire, que me impide respirar... Me siento observada, en la lejanía... y siento una presencia maligna... una maldad como nunca había sentido antes...

Día primero mes tercero:
Llevo varios días volando en busca de alguna pista, pero no encuentro señales de nada; o al menos nada bueno. He visto poblaciones de seres de pieles oscuras y caras espantosas y deformes... Creo que buscaré algún lugar donde refugiarme, porque ya estoy demasiado agotada. Iré a alguna aldea y transformada en humana, gracias a mi magia, intentaré averiguar algo.

Día segundo:
Ayer tuve una sensación extraña. Sentí como que algo me llamaba; una voz interior, o algo así, triste y pidiendo auxilio. No sé cómo explicarlo, pero estoy acudiendo a esa llamada... aún tardaré dos días más en alcanzar mi objetivo...sea cual sea...

Día sexto:
Llevo un par de días con un anciano. La llamada resultó ser suya... sus ojos me miran con curiosidad, como si nunca hubiera visto a un dragón, o como si yo no fuera el que debiera de haber acudido a su llamada de auxilio. Me ha contado que su petición de ayuda fue en general a los animales salvajes; está conectado de alguna forma con las aves y demás animales, y acudió a ellos cuando estaba en peligro. Cuando llegué, estaba en unas condiciones lamentables; con las ropas rasgadas, herido
y hambriento. No me ha dicho del todo la verdad, pero dijo que estaba en la torre en la que le encontré por una disputa con otro hechicero... Sólo me ha dicho de sí mismo que es un mago errante, y que normalmente le llaman Gandalf, el gris. Pero yo ya había leído en su corazón y su mirada, antes de que me lo confiara, que era mago, y además muy sabio.

Día séptimo:
Gandalf debe partir; no puede quedarse por más tiempo conmigo, pero le he agradecido mucho lo que ha hecho por mí, aunque él sigue insistiendo en que me debe la vida. Antes de partir, me ha hablado de Smaug, un dragón que debe ser ya viejo y que él mismo conoció hace muchos años, pero no sabe nada más de él, y me ha dicho que siguiendo hacia el noroeste, podré encontrar un bosque de elfos, que se llama Rivendel; allí un elfo muy sabio, llamado Elrond, quizá pueda decirme dónde pueden quedar dragones ahora. Además Gandalf insiste en que será uno de los sitios más seguros, y que me quede allí un tiempo, porque la oscuridad crecerá cada día más y más. No sé qué será esa negrura, pero le haré caso al anciano que, por cierto, parece muy preocupado por alguien...

Día primero mes cuarto:
Después de perderme y volver a perderme una y otra vez, he encontrado ese lugar llamado Rivendel. Cuando llegué hace cuatro días, exhausta y me desplomé en el suelo colmado de hojas marrones, vi entre sueños a una elfa morena extremadamente bella que se acercó a mí, y acariciándome delicadamente, me susurró unas palabras al oído; en seguida caí en un sueño dulce y tranquilo, no como los sueños grises e inquietos que he tenido desde que viera al anciano por última vez...

Cuando he despertado hoy, una luz dorada bañaba mi cuerpo desde la ventana, y un manto de hojas cobrizas y verdes me hacía de cama en un rinconcito de un dormitorio elegantemente decorado. Ya no había limo negro en el aire, sino que era cálido y olía a dulces que nunca he probado. Una música proveniente de una cascada lejana acariciaba mis oídos, mientras pasos ligeros de muchos seres iban y venían. Estos elfos caminan como si no pisaran el suelo, y he tenido que fijarme bien para escucharles cuchichear en una lengua extraña, a la vez sencilla y complicada, ligera y melodiosa, como el canto de las aves que me rodeaban.

La misma elfa que me recogió hace ya cuatro días se acercó a la habitación donde yo dormía, que por lo visto era la suya propia. Al parecer, ha estado cuidando de mí estos días y alimentándome. Además entiende un poco de mi idioma, y aunque no entiendo nada de lo que dicen los demás elfos, con ella he mantenido hoy una larga e interesante conversación.

Día segundo:
Por fin he conseguido salir de la habitación, convertida en humana, claro, y he dado un paseo con la bella dama, Arwen, por los jardines de su ciudad. A media mañana, ha insistido en presentarme a su padre. ¡Qué sorpresa tan grata me he llevado al saber que su padre era Elrond, el elfo que me dijo Gandalf! Nos hemos llevado casi todo lo que quedó de día hablando del hechicero, y de mi extraño viaje. Elrond ha insistido en acogerme, si quiero, durante los malos tiempos que sufre actualmente este mundo... Debo pensármelo antes...esto es precioso, pero mi sitio no está aquí...

Día quinto:
Tras mucho pensar, he decidido que voy a quedarme un tiempo, aprendiendo las costumbres de estos seres tan bellos que me han cautivado. Supongo que me quedaré hasta que encuentre alguna pista sobre mis congéneres los dragones.

Día noveno mes quinto, año 333
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribiera; tanto que no sé ni cuántos meses o años han pasado, sólo he calculado someramente la fecha a la que podemos estar para poder seguirla escribiendo aquí, ni siquiera sé si será la exacta desde mi partida, ya que en este mundo llevan un calendario diferente al mío; he aprendido costumbres y lenguaje de los elfos, e incluso Elrond me dio un nombre en su lengua, que significa puesta de sol: “Andúne”.
Hace dos días, y tras no haber averiguado nada acerca de los dragones de este mundo en todo este tiempo, Elrond me advirtió de que un portal había sido abierto cerca, no sabemos por qué, pero que podía ser mi oportunidad para volver a mi mundo. Debo partir lo antes posible. Se me parte el alma de pensar en despedirme de mi bella Arwen, del sabio Elrond, y de todos mis ya hermanos elfos, pero he de continuar el viaje... Sin embargo antes de seguir con mi viaje, escribiré el alfabeto que utilizan los elfos, y su traducción a los caracteres que se emplean en la lengua común, para asegurarme de que nunca olvidaré tan bella forma de escritura.

Día décimo cuarto:
Después de haber volado durante dos días, encontré el lugar que me había dicho Elrond. Entré en el portal, pero no salí a mi mundo, sino uno totalmente diferente. El suelo es negro y extraño y hay personas embutidas en extraños trajes por todas partes; tuve suerte y he podido esconderme en un edificio que parece abandonado, con raras pinturas en las paredes y objetos que aún no me he atrevido a tocar, por si fueran mágicos. Llevo varios días saliendo de noche, para encontrarme con la menor gente posible, pero aquí hay personas a todas horas corriendo
de acá para allá, haciendo mucho ruido casi siempre y montándose en carruajes extraños sin caballos que sólo sueltan un humo negro y pestilente por detrás. Muchos hablan solos por la calle con la mano pegada en la oreja (no sé si será una especie de hechizo o maleficio, o que están todos locos), mientras caminan rápido, o esperan a uno de esos carruajes que echan humo donde caben muchas personas.

Día décimo quinto:
He salido esta mañana, tras armarme de valor y convertirme en mujer por supuesto, para buscar una biblioteca donde poder investigar un poco acerca de este mundo. Toda la gente me miraba de forma rara, supongo que mis vestiduras no son
acordes con este lugar. A parte de eso he conseguido encontrar la biblioteca y leer durante casi todo el día documentos de la ciudad, cuyo nombre es “Madrid“, que por lo visto es la capital del país “España“; aún no entiendo mucho, pero conseguiré entender del todo su lenguaje y qué son todas las cosas extrañas que me rodean.
La mujer de la biblioteca me dijo algo que no entendí muy bien, pero asentí sin querer; ella se llevó el libro que yo tenía en las manos en esos momentos, y al rato vino con él y un papel en el que había una copia de la página que llevaba mirando toda la tarde. No sé cómo ha podido reproducirla tan pronto, y con tanta exactitud… Sea como sea, haré una réplica del dibujo aquí, quizá pueda ayudarme en un futuro…

Día vigésimo noveno:
Llevo bastantes días dedicándome por completo a investigar sobre este mundo y a hacer un colgante mágico que me transforme en humana sin tener que hacer el hechizo todos los días; Debo encontrar un trabajo y ropa adecuada, mañana comenzaré mi empresa.

Día séptimo, mes sexto:
Por fin tengo trabajo; tengo que cuidar a un niño de cinco años por las tardes, mientras sus padres trabajan. No sé si el salario será suficiente, pero al menos puedo ir a comprar comida y ropa y dejar de alimentarme de los bichos asquerosos que deambulan por las calles. Por las noches desharé el hechizo de transformación, para
poder al menos estirar las alas y acicalar mis escamas y de día seguiré estudiando y trabajando. Sin embargo hay un problema: en la biblioteca todo lo que encuentro acerca de dragones y seres similares son cuentos, leyendas, fábulas… nada de historias reales. ¿Será que en este mundo no hay dragones, que están escondidos, que había pero han desaparecido? Hasta que encuentre la forma de salir de aquí, estaré investigando al respecto. Una buena noticia, al menos, es que el colgante de transformación ya está terminado y funciona bien.

Día décimo:
Iván, que es como se llama el niño al que cuido, me está mostrando las maravillas de su mundo, y yo a cambio le cuento las cosas del mío, lo que él llama “cuentos“. Aquí la gente ve imágenes en movimiento en un cajón llamado “televisión”, cocina en un fuego sin llamas al que llaman “vitrocerámica” y guardan los alimentos en una despensa que se mantiene siempre muy fría llamada
“frigoréfeco” o algo así. El crío se ha quedado pasmado al ver que yo no entendía nada de lo que me explicaba, ni de lo que había en la casa. Me asombraron tremendamente esos botones a los que al dares aparecía luz… Estos días investigaré los avances técnicos de los últimos 100 o 200 años, para no quedar tan mal con Iván … Por cierto, en este mundo estamos a vigésimo noveno día del mes noveno del año dos mil dos, así que a partir de ahora escribiré con la fecha de este mundo.

Día vigésimo segundo, mes decimosegundo, año 2002:
Después de tres meses aprendiendo muchas cosas cada día, ya entiendo un poco más lo que me rodea, y empiezo a dejar de quedarme pasmada por la calle a cada cosa que veo. En este tiempo he reformado el edificio en que vivo, que es una fábrica abandonada desde hace muchos años, y ya tengo un dormitorio con dos colchones grandes en el suelo que me hacen de cama (ya que en forma dracónica soy más grande que en la humana y paso las noches en mi forma original), una cocina pequeña y una salita para estudiar, donde tengo todos los libros que me voy comprando con mi pequeño salario. No tengo luz eléctrica, pero no necesito más; he sido capaz de vivir así toda mi vida, así que podré seguir viendo por las noches a la luz de las velas. Además me siento más a gusto que si tuviera electricidad… no termina de darme buena espina fiarme de algo de lo que desconozco tanto.

Día vigésimo octavo:
Ayer y antes de ayer tenía los dos días libres y he aprovechado para ir a la biblioteca por la tarde y estudiar la orografía del país, para así tener una idea de dónde pueden haberse instalado mis hermanos dragones; un hombre un tanto extraño(la única persona que había en la biblioteca hoy)se ha puesto a hablar conmigo, intentando sacarme tema de conversación. Me ha llamado la atención enormemente… hay algo raro en él, pero no sé qué…

Día segundo, mes primero año 2003:
Hace dos noches celebramos el año nuevo, y la familia de Iván me invitó a pasarlo con ellos; hay una tradición muy rara de comerse doce uvas a la vez que suenan las doce campanadas que dan comienzo al año. Casi me muero ahogada comiéndome las dichosas uvas, mientras Iván se partía de risa al verme con la cara violeta y la boca chorreando el caldo de las uvas… ¡qué experiencia tan desagradable! Y pensar que aquí se repite cada año…

Día quinto:
Estoy pensando en ir hacia las montañas del norte del país; quizá en los Pirineos encuentre a alguno de mis hermanos de hielo, aunque a los dragones de fuego no nos hace mucha gracia pasar frío… Cuando consiga ahorrar algo más de dinero para el viaje, pediré una semana libre e iré allí. Prefiero pasar inadvertida, como un turista más, o al menos hasta que llegue allí.

Día décimo, mes segundo:
Sigo con mi idea de hacer el viaje, pero mientras continúo con mis estudios. El hombre del que escribí hace tiempo sigue yendo a la biblioteca; empieza a cansarme un poco el que me hable y me hable todos los días, cada vez que me pongo a leer. Aún así no parece mal tipo y además hay algo enigmático en él y quiero saber qué es.

Día decimosegundo:
Marcos, el hombre de la biblioteca, me ha invitado a salir esta noche. Le he dicho que sí, aunque no sé si es lo más correcto, pero lo he hecho más por saciar mi curiosidad que por otra cosa, aunque supongo que no me viene mal relacionarme con más personas; esta noche tengo que averiguar eso que me resulta tan extraño de él.

Día vigésimo:
He quedado varias veces con Marcos; parece un hombre interesante, y ha recorrido mucho mundo; me ha contado sus numerosos viajes y vivencias, que para su corta edad (dice que tiene veintiséis años) son muchas, pero cada vez que le pregunto por su procedencia esquiva el tema. Me siento muy a gusto con él, cuando hablamos siento que vuelvo a estar de alguna forma a salvo en casa y creo que hasta le veo cierto atractivo… Pero ¿qué estoy diciendo? … Creo que llevo demasiado tiempo convertida en humana y me debe estar afectando…

Día primero, mes cuarto:
Ya dispongo del dinero suficiente para irme a hacer el viaje; esta tarde avisaré a la familia de Iván y a Marcos, para poder partir dentro de un par de días.

Día segundo:
He pasado la noche en casa de Marcos después de ir a cenar, y al despertarme, he encontrado una nota sobre las sábanas con la pulcra letra de Marcos:
“El edredón y las mantas yacen en el suelo junto a nuestras ropas, mientras tu cuerpo desnudo duerme enredado entre las sábanas blancas … estás de lado y con tu blanca manita te aferras a la almohada, que ha sido testigo de todo nuestro amor esta noche … me siento a tu lado, pero tu no te enteras, tu gesto dice que esta noche ha sido agotadora; tienes carita de ángel … tus cabellos despeinados se derraman por ella y por tu espalda, por tus pechos … tus suaves pechos … Por la ventana entreabierta se entrometen algunos rayitos de sol, los primeros que entran curiosos en nuestro lecho para verte sobre la cama, desnuda … pero me da igual, esta noche has sido mía, solo mía …
Recorro todo tu cuerpo con mi mirada … casi no me atrevo a tocarte, no vayas a desvanecerte … ¿serás un sueño? ¿Serás un ángel? Creo que sobre tu espalda puedo ver unas alas, y que tu cuerpo irradia luz … reluce … me estoy volviendo loco … desearía besarte otra vez, tenerte sobre mi de nuevo … pero no me atrevo a despertarte … me gusta verte así, dormidita, abrazada a mi almohada, respirando despacio, relajada, soñando quizá, pero debo dejar tan bella visión, ya que mis obligaciones me llaman, debo irme a trabajar.

PD. En la cocina tienes el desayuno listo”
Dios mío … ¡No puedo creer lo que he hecho esta noche! ¿En qué estaba pensando? Estoy confusa… necesito pensar… El viaje me va a venir estupendamente para aclararme las ideas y despejarme de todo esto. Creo que partiré mañana mismo sin despedirme de Marcos.

Día quinto:
Llevo unos días vagando por las montañas heladas de los Pirineos, y por fin he podido pasar varios días en mi forma original. ¡Qué placer, poder estirar las alas y sentir la brisa en ellas! Debo tener cuidado durante mi estancia aquí, ya que podrían verme humanos en mi forma verdadera y no debo cometer tal error… Volveré a escribir cuando termine la semana, o haga algún hallazgo relevante.

Día décimo:
Estoy en el camino de vuelta a Madrid, en el tren. El viaje ha sido totalmente infructuoso, no he encontrado nada en toda la semana y lo que es peor, ahora que me paro a pensarlo me siento tremendamente mal por lo sucedido con Marcos. ¡Ni si quiera somos de la misma raza! No sé cómo he podido cometer un error como este…

Día vigésimo:
Tras evitar ir a la biblioteca estos días y apenas salir de casa para no encontrarme con Marcos, se ha presentado en casa de Iván cuando estaba jugando con él esta tarde y no he tenido más remedio que hablar con él sobre mi repentina desaparición. Ni siquiera está
enfadado conmigo, sólo estaba preocupado porque no sabía nada de mí desde la noche en que dormí con él… Le he dicho que necesito pensar y él me ha dado su número de teléfono, diciendo que cuando quiera hablar, le llame.

Día octavo, mes quinto:
Hoy hemos celebrado el 6º cumpleaños de Iván; han ido muchos amigos suyos a su casa a celebrarlo y le han regalado muchas cosas. La verdad es que lo hemos pasado muy bien. Hablando con el padre de Iván, se me ha escapado decir que no tengo documentación, pero en lugar de enfadarse o preguntarme el por qué de mi situación, me ha dicho que su cuñado podría ayudarme a ponerme los papeles en regla. No tengo intención de quedarme para siempre, pero supongo que no me vendría mal poder optar a un trabajo mejor y a una casa medio decente y dejar de vivir en la fábrica donde algún día alguien podría terminar encontrándome viviendo ilegalmente.

Día noveno:
Iván me ha leído hoy un cuento que me ha hecho pensar. Trataba de dragones que para poder comerse a los aldeanos de una ciudad sin que sospecharan, se camuflaban entre ellos, adoptando forma humana (¡qué gracia, si él supiera que yo he hecho lo mismo!), pero a algunos, con el tiempo, les dejó de funcionar la magia y no pudieron volver a convertirse más en dragones, con lo cual poco a poco fueron olvidándose de lo que verdaderamente eran y aprendieron a vivir como simples aldeanos. “Y por eso hoy en día ya no se ven dragones en ningún sitio” me dijo como conclusión Iván. No puede ser, seguro que es una más de las leyendas que hay sobre los dragones… sin embargo cuando he llegado a casa, lo primero que he hecho ha sido quitarme mi colgante y comprobar que podía regresar a mi verdadera forma.

Día trigésimo:
Ya tengo todos los papeles en regla e incluso currículo propio, y he pasado toda la mañana buscando trabajo. He terminado en la redacción de una revista, en la que me han dicho que les hace falta gente; el sueldo está bien y sólo trabajaría por las mañanas, lo que me dejaría tiempo para seguir yendo a cuidar a Iván. Mañana iré a firmar el contrato, y empiezo a trabajar pasado mañana.

Día décimo octavo, mes séptimo:
Me he mudado a un apartamento pequeño de las afueras de Madrid. En el trabajo me va estupendamente e Iván está cada día más grande y guapo. La vida me iría estupendamente si fuera alguien normal, pero necesito encontrar lo que vine a buscar y tras un año aquí veo que no he progresado nada; me da la sensación de que estoy renegando poco a poco de mi propio ser, ya que últimamente ni siquiera recupero mi forma original todas las noches. Hoy me he comprado un teléfono y, no sé por qué, he llamado a Marcos; como no me lo cogía, le he dejado un mensaje en el contestador, dándole mi dirección nueva. No sé por qué, pero necesito hablar con él.

Día décimo noveno:
Hoy ha venido Marcos a buscarme a mi casa y hemos estado hablando varias horas. Me ha dicho que el tiempo que estuvimos viéndonos ha sido realmente la única vez que se ha sentido a gusto hablando con alguien, aunque no sepa explicar por qué. Le he dicho que yo también me siento muy bien estando con él, y que sin nadie de mi familia me siento muy sola. Supongo que no pasará nada si seguimos quedando para salir, y ambos hemos dejado bien claro que no sucederá nada más allá de la amistad. Desde luego yo no tengo ninguna intención de “liarme”, como se dice aquí con un humano, por muy bueno que sea conmigo.

Día séptimo, mes octavo:
He utilizado los quince días libres que me han dado en el trabajo ahora en verano, para ir de viaje a varios países, siguiendo con mi búsqueda. Siento como si hubiera tirado el dinero a la basura, porque he vuelto a venirme con las manos vacías. Cada vez me siento más desesperada…

Día vigésimo:
Es la primera vez que he ido a casa de Marcos desde que me quedara a dormir con él hace ya tantos meses, y me he quedado asombrada: las estanterías del salón están repletas de libros de magia, biología, más que nada de reptiles y de evolución de las especies, e historia. Son básicamente los temas que he estado consultando últimamente en la biblioteca… No sé, será coincidencia… qué bien que al menos nos gusten los mismos temas…

Día decimoquinto, mes noveno:
Ayer por la noche estuvimos viendo una película Marcos y yo en su casa, pero algo me hizo que no prestara más atención a nada en toda la noche: cuando fui al lavabo vi en la bañera un reflejo brillante azulado, y me acerqué a ver qué era; ¡¡casi me da un infarto al ver que era una escama!! ¡¡Una escama azul del tamaño de mi mano!! Me la he llevado a casa y desde ayer no hago otra cosa que mirarla, con la cabeza dándome mil vueltas y sin saber qué preguntarle exactamente a Marcos cuando le vea.

Día vigésimo cuarto:
Llevo todo este tiempo haciéndole preguntas a Marcos, para ver si consigo sonsacarle algo, pero es imposible. Cuando empiezo a pensar que estoy loca, que me lo he imaginado todo, miro la escama y entonces vuelvo a pensar en cómo indagar sobre ella y su supuesto dueño.

Día vigésimo sexto:
Ya tengo plan: me colaré en casa de Marcos mañana por la noche, a ver si se transforma en humano para dormir y así encontrar por fin lo que tanto tiempo llevo buscando. Aún me parece increíble algo así de él…

Día vigésimo séptimo:
Nada. Nada de nada absolutamente. Fui a casa de Marcos bien entrada la noche, y me colé desde una ventana, pero al llegar al dormitorio, esperando verme un dragón azul espatarrado en la cama, lo único que encontré del azul que yo pensaba fue el azul del pijama que llevaba Marcos.

Día segundo ,mes décimo:
Me estoy planteando seriamente dejar de buscar ya; no sé cómo salir de este mundo, ni tengo pistas de dragones, ni de magia de verdad, ni nada, así que lo que veo más conveniente es terminar con todas mis esperanzas y expectativas y seguir viviendo como humana… la verdad es que me recuerda al cuento que me leyó Iván…

Día quinto:
Hoy ,estando con un grupo de amigos, se me ha caído el bolso y dentro estaba la escama azul. Cuando Marcos ha ido a ayudarme a recoger las cosas y la ha visto, se ha puesto lívido y me ha mirado con cara de consternación. Después, cuando me ha acompañado a casa ninguno de los dos ha querido sacar el tema.

Día séptimo:
Marcos ha venido a mi casa esta tarde; venía muy serio y no sabía si quiera cómo hablarme. Sé que quería darme algún tipo de explicación acerca de la escama que había encontrado ,y tras hablarme sobre las distintas especies animales, sobre la posible existencia de otros mundos, los elfos, los enanos, los orcos, por fin terminó pronunciando la palabra “dragón” y me preguntó que si yo creía que existieran. (Sí, claro, como para no creer…) No le dije nada, no sabía si asentir, o negarlo, o incluso confesarle mi propia existencia. Tras suspirar profundamente, apartó un poco los muebles del salón, dejando un hueco, bajó las persianas, y pronunció unas palabras ¡en dracónico! Tras unos segundos su cuerpo dejó de ser el que estaba acostumbrada a ver, y surgió un precioso dragón azul ,de escamas brillantes, cuya cabeza topaba con el techo, incluso a pesar de estar agachado. Me miró expectante, aguardando que yo diera un grito de horror o algo así, pero cuando vio mis lágrimas, pronunció el conjuro que le hizo volver a ser el de antes y se acercó a mí despacio, como temiendo que yo saliera corriendo a llamar a la policía o algo así. Supongo que pensó que me había asustado, así que cuando corrí a abrazarle, se quedó extrañado, sin saber que hacer. Lloré a moco tendido abrazada a él hasta que pude hablar, que fue cuando le expliqué que yo también era una dragona (se le pusieron los ojos como platos), y que había pasado años buscando a alguien de mi raza, sin hallar nada y que me encontré de alguna forma en este mundo en que me creía sola. Sólo tuve que quitarme el colgante y hacer la misma demostración que antes había realizado él, para que los dos nos abrazáramos como si no nos hubiéramos visto en siglos.